Solo tu hieres con pasión

Todas las refulgencias que

Te sienten con ardor.

Eres divina presencia

En cada carne, en cada pensar

Y me otorgas a mí experiencia

De tu sagrado expresar.

Poder transmitir la esencia

De tu fulgente existir

Esa es misión correcta

Que plasmas en mi vivir.

Esa hoguera de tu paz

Se refleja en vibraciones

Y es la voz de tu silencio

El altar de adoraciones

Para esparcir tu mensaje

En el plano de intenciones.

Como alumno de clemencia

Me heredas tu distinción

De sentirme tu hijo amado

En adusta comprensión.

Con placer y con razón

Humedeces a mi ser

Lo estremeces de poder

Con ingenio de visión.

Mi alma, y mi yo son de ti,

Tus despejas mis pecados

Con tu divinal sentir

Y me dejas naufragados

Los horrores del fingir.

Me mostraras la alborada

Del paraíso sutil

Y serás sangre adorada

Y furor del porvenir.

Sembrar será la promesa

De un majestuoso brillar

Faz de señorial belleza 

                                                  El clamor de tu apresar.

Información adicional

Autor:
Mi nombre es Jesús Humberto Gallegos Rosas, de Ciudad de México.

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